CORAJE
CORAJE
CORAJE

Bajo la ducha…

Sintió el golpe de un chorro de agua fría sobre la zona más alta de la cabeza. Se despertó.

El agua dejó de salir. Y así, desnuda, asustada, fría… Abrazó su cuerpo en un movimiento instintivo de recogimiento, dejándose caer como el agua, que volvía a aparecer en forma de lluvia bajo la ducha que un instante, antes, había despertado algo nuevo…

Voy a tener coraje, se dijo, y apostó por una nueva forma bajo la ducha , frotando ahora, de manera airosa, su cabello.

CORAJE. Así, con mayúsculas, y lo dibujó con jabón en el muslo derecho.

Coraje, se repitió, como si dibujarlo en mayúsculas le hubiese generado miedo.

Empezaré por pequeñas cosas, seguía diciéndose mientras aclaraba toda la espuma que había generado el champú.

Me apuntaré a guitarra.

Lo haré, ¿con 44?

Sintió que el tono mental bajaba cuando recordaba su edad.

Qué suerte estar bajo la ducha. Giró el grifo de agua fría, lo absorbió, se revolvió.

Lo que me gusta, ¡voy a hacerlo!

Cerró el grifo y el silencio la acompañó.

¡Era aquí!

Aquella fila indicaba que habría que esperar para matricularse en la escuela de música.

Paró detrás de aquel chico pelirrojo, y hasta más tarde, no se detendría en aquel detalle.

El sol calentaba el alto de su cabello, consiguiendo templar todo el cuerpo hasta los pies. Pisó firme, respiró y sintió un pequeño escalofrío en la nuca, ¡esta fue la señal!

De repente su cabeza era un disparador de frases y palabras sueltas que parecían resumir a borbotones aquel curso de
desarrollo personal que había empezado apenas hacía unas semanas.

“Si quieres que algo cambie, empieza por cambiar el recorrido que haces de forma autómata al trabajo cada día».

“Observa tu pensamiento“.

“Autocuidado“.

«Autoestima»

“¿Qué te estás contando?», «¿qué juicios tienes sobre ti?”.

“¿Con qué fortalezas cuentas y cuáles son tus debilidades?»

«Emociones, silencio, ¿en qué dirección quieres cruzar el río?…» Y esta, sencilla, nada original, esta fue la que lo inició todo:

¿Qué te gusta?

De repente, la imagen de una guitarra apareció como una suave melodía, según la coach de turno formulaba al aire la pregunta. Y esa imagen, esa guitarra, era la que le había traído hasta aquí.

La fila avanzó.

Y ella, con la mirada puesta en las converse del chico de delante de la fila, avanzó también, con paso lento y ágil.

Repitiendo el movimiento de su predecesor, movió su cuello, acompañado por un balanceo suave de brazos, que a su vez dio movimiento a sus manos y fuerza a los puños que ahora apretaba cerrados, sin saber por qué. Volviendo a parar, ahora sí, a la sombra y más próxima a la ventanilla de INSCRIPCIÓN.

Ayer, martes, fue cuando decidió cambiar el recorrido: había DECIDIDO DECIDIR -sonrió-.

Había decidido cambiar el recorrido, no del trabajo, como había repetido como doce veces Carlos, el coach, y sobre ese pensamiento también sonrió: —¡Maldito ego el mío, con sus juicios, pobre Carlos! (volvió), al camino de la panadería…

Siempre iba a comprar el pan repitiendo el mismo camino: aquel impuesto de forma inconsciente por sus repetidas idas y venidas, por el mandato de su padre: “blanco y calentito”, con aquella tierna voz.

Y ¡ale hop!… Aquel cambio de camino le hizo pararse a leer aquel cartel, que de otra manera no hubiera visto, donde decía:

ESCUELA DE MÚSICA MUNICIPAL
Comienza el plazo de inscripción.
Bla bla bla
Miércoles 7.

O SEA, HOY.

Avanzó.

La fila volvió a avanzar. Y ante ella, que ya sentía el nervio en la tripa y la intranquilidad en la forma de buscar en la pantalla del móvil… llevar toda la documentación, el chico de delante se volvió.

La miró con una gran sonrisa y moviéndose de nuevo hacia el sol… Pelirrojo. Pelirrojo se repitió sonriendo, mentalmente.

Y en voz alta , saludó a la chica morena de detrás del mostrador.

  • ¡BUENOS DÍAS!

Lorena García

Coach Social, Meditación y Yoga

Asociada nº 83

lgarciam@asociacioncoachingsocial.org