Una buena escucha es terapéutica, por sí sola, y la del Coaching Social es espectacular.
Y si piensas:
- Hombre, a ver qué vas a decir tu.
Espera a terminar este artículo, en el que te llevas un recetario de esta habilidad.
Te puedes preguntar algo del estilo:
- Manu, ¿cuáles son los ingredientes y en qué medida?
Depende mucho de lo que se ponga sobre la mesa, condiciona la receta.
Existen ingredientes (estos te los cuento luego), cocineros y comensales.
De estos dos últimos, hay tantos como personas, por lo que habría tantas respuestas como conversaciones a escuchar.
Pero si manejas los ingredientes, podrás adaptarlos y obtener tu estrella Michelin.
Empezamos, por un par de cosas que son como olvidarte de apagar los fogones.
Ya tienes una historia con tus familiares, pareja o amigos.
Puedes padecer de temas enquistados, cuentas pendientes o dolorcitos recientes.
Resquemores de partida: “A ver que me cuenta ahora…”.
Algunos son difíciles de resolver, como si te pasas con la sal, pero no necesariamente imposibles.
La historia en común, también hace que se presupongan muchas cosas.
Que se acorte la escucha “porque ya te conozco” (“como si te hubiera parido”, por poner un ejemplo).
Creen saberse el menú y no atienden a las novedades o matices que transforman el plato.
A nivel particular, hay intereses de una y otra parte para que la relación fluya de una determinada manera.
Manipulaciones sutiles en la forma en la que se cuenta o pregunta.
Un conflicto de intereses en toda regla.
Vamos, que cada uno arrima el ascua a su sardina.
A nivel grupal es parecido.
Todo sistema familiar o social pretende su supervivencia.
Por lo que, vas a encontrar resistencias a lo que se estime como peligroso.
“Mira con lo que nos viene ahora”.
Termina siendo eso de “como en España no se come en ningún sitio”, que busca pertenencia, pero que evita que se desarrolle el paladar.
Puedes ver que tú te condicionas al contar, no sea que ofendas, preocupes, te juzguen… o que dañes y te retiren el cariñito.
Un repliegue preventivo, que hace mucho frío fuera.
Es como decir “qué rico, Mari” y por dentro no te ha gustado, pero ¿cómo vas a decir otra cosa?
También es habitual, que al elaborar un discurso sobre un problema que implica al otro, no te salga muy “armonioso” y termines diciendo lo que no quieres.
Lo sacas del horno demasiado pronto… y se te baja el soufflé.
“Cari, no era eso. Lo que quería decir es…” y sonido de portazo.
Tampoco es que toda la escucha de familiares, pareja o amigos sea del Temu.
Puedes sentir, en muchas ocasiones, que es más que satisfactoria.
En otras, con ciertos temas, puede que no te valga ninguno de ellos (agua y aceite para esa conversación).
¿Todo el que hace una terapia te escucha?
“Ojo-cuidao” que cierta escucha de pago no se libra de los problemas de intereses, como los anteriores.
Te puedes encontrar con que les urge darte un diagnóstico.
Que, si es lo que necesitas, ni tan mal, pero si lo tuyo no es para meterte en una cajita y tratarte desde ahí, pues como que no.
Sé de varios casos en los que ponen la etiqueta del DSM-5 (manual de diagnóstico de trastornos mentales), cuando solo son situaciones de vida.
Es como una necesidad, de poner tu sabor en un tarrito del armario de las especias. ¿Quién dice que encajes en una de esas etiquetas?
Y también hay:
- Coaches vendehúmos a mansalva. Que se creen el perejil de todas las salsas.
- Gente que te dice “es que con tu ascendente…” o “te ha salido la torre…”, antes de escucharte. Como el que pide sal antes de probar el plato.
- Personas que, con la excusa del bio, cuántico, integral o lo que toque, se olvidan de que hay un ser humano delante.
Es un cocinero que desprecia lo que opina el comensal.
Nada en contra de otras formas de acompañar, pero a una persona primero se la dignifica escuchándola.
El ingrediente que llevan todos los platos que se precien es el amor.
La escucha es lo que más se parece al amor.
Por lo tanto, el ingrediente que llevan todos los acompañamientos que se precien es la escucha.
Así cocina la escucha un coach social y lo puedes aprender.
Generalizo porque partimos de una formación con bases muy sólidas.
Esta escucha, rica-rica y con fundamento, la puedes cocinar con estos ingredientes:
Averigua el “para qué me dice lo que me está contando”.
Con curiosidad, predisposición al aprendizaje y permitiendo que cambie tu opinión si procede.
Es ponerte a la mesa con intención de sorprenderte.
Como no somos puntos aislados en el universo, te toca saber:
- De dónde parte y a dónde quiere llegar.
- Qué sistemas de relaciones condicionan sus acciones.
- Qué hechos más significativos influyen en lo que te cuenta.
¿A que degustas mejor un plato del que conoces el origen, como se mezclan los sabores y las curiosidades de cómo llegaron a crearlo?
Detecta los filtros del lenguaje que usa: omisiones, generalizaciones o distorsiones.
Haz preguntas para no caer en ellos, acotando el mensaje.
Si no entiendes la carta ¿preguntas?
Piel de mamífero porcino crujiente en su cristal de aceite de Andújar, también llamado torrezno.
Escucha el “bien”.
No tiene que ser el “bien” desde la moral social.
Es fijarte en el beneficio que proporciona al otro.
Acogiendo lo que traiga y yendo más allá de lo literal.
Permaneciendo en la escucha, para ver qué necesidad hay detrás, pese a que te incomode el qué o el cómo lo dice.
Al igual que algunas críticas de Master Chef, puede tener un trasfondo interesante a rescatar.
No te comas tu primera impresión y trata de no juzgar (que no estás poniendo reseñas en el Google Maps).
O, mejor dicho, no te enganches a tu propia opinión.
Porque vas a necesitar discernir en profundidad lo que te cuenta, para poder interpretar su mensaje.
Y así, sumergirte en su mundo.
Buceas con más preguntas, pidiendo aclaraciones y ejemplos.
Estas consultas las usas para descifrar “su dialecto” personal.
Aclaras parafraseando, usando sus palabras y resumiendo con las tuyas, para contrastar.
Y pides ejemplos para no quedarte en lo textual, pudiendo navegar entre sus experiencias similares y pasadas.
Es como destripar la receta de la abuela hasta el último paso y truquito. Con esa misma dedicación.
No es escucha sin detectar la implicación de sus emociones y de lo que trae su expresión corporal.
Observa la coherencia del mensaje, o se te va a pegar el guiso como en una mala sartén.
Incluso sin mirar, puedes percibir en la voz posturas corporales, molestias físicas o un gran abanico de emociones.
Cada cosa por separado da perolos enormes de informaciones útiles e imprescindibles.
Dejarte atrapar por las emociones del otro, es la mosca en el plato que te fastidia la cena.
Sé cómo los vigilantes de la playa (no me refiero a la tonelá silicona): pon atención a la emoción del bañista (que, si se ahoga, sería el miedo), pero sin contagiarte de ella (para seguir pendiente de él y no estar en lo que tu sientes).
Finalizas determinando los pilares de su lógica de pensamiento, por la que a hace lo que hace.
Sus acciones toman sentido respecto de su historia personal.
Pero para sacar conclusiones, es necesario que te lo valide. Mete las manos en la masa y no te quedes con una idea que puede ser acertada o un pan sin sal.
Al atender de esta forma, también permites al escuchado cocinar a fuego lento su propio pensamiento.
Haciendo que se autorevelen los aromas de su verdad íntima y ampliando el paladar de su autoconocimiento.
Y sin que llegues a hacerlo todo perfecto, ya forjas un vínculo de confianza, en el que se siente visto y dignificado.
Un vínculo, por sí mismo, terapéutico.
Serás el cálido restaurante al que siempre deseará volver.
Porque la cocción de tu acompañamiento se realiza a la lumbre de tu escucha.
Entiendo que te podría parecer mucho de partida. El tema da para una hermosa profesión.
Pero antes te decía que es una habilidad, y como un músculo, se puede alimentar y entrenar.
Para que te salga esta receta, practica todo lo que puedas.
Con cada uno de los ingredientes anteriores por separado, y ve juntándolos según los domines.
Cuéntame en los comentarios cómo lo ves y si quieres que te aclare algo.
Un abrazo,
Manu Galán
Asociado nº 6
mgalanc@asociacioncoachingsocial.org
P.D. 1: Hay quien dice que te ganas a las personas por el estómago… yo creo que lo haces por las orejas… por tus orejas, no las suyas.
P.D. 2: Si te tuvieras que quedar sólo con una cosa de este artículo para mejorar tu escucha: ¡Ten curiosidad amorosa por la otra persona!
P.D. 3: También escribo (con mi estilo) en mi blog: www.ManuGalan.com
¡Súper interesante lo que escribes! Sobre todo lo de detectar los filtros del lenguaje.
Muchas gracias, Vero. Nuestro asociado es un gran cocinero, sin duda. ¿Te gustaría añadir algún otro ingrediente a la receta de Manuel Galán?
Gracias por tu comentario Vero.
En algún momento escribiré sobre los filtros del lenguaje, que es un tema del que se pueden sacar muchos aprendizajes.
Un saludo